¿Por qué pintar?
Cuando alguien pierde la vista se agudizan sus otros sentidos y se percibe del mundo sonidos, olores y vibraciones que quienes pueden ver no son capaces de distinguir o describir. Ocurre igual cuando alguien no puede hablar, por cualquier problema físico, o porque no se le permite, o porque el ruido del entorno no deja escuchar su voz: llega entonces la hora de que la imagen se haga escuchar, y lo hace con los gritos de la mímica o el llamado de los gestos o del color, y puede hacerlo con tal contundencia que en ocasiones dice lo que páginas enteras no podrían decir mejor.
Por eso es que pinto, porque hay tantas cosas que decir y quisiera decirlas; hay tantas cosas que pensar, y aun cuando no quisiera las pienso; y hay tantas cosas que mirar que, quiera o no, están ante mí y no puedo quitar de ellas mi vista.
Y quisiera que todos miraran, pensaran y escucharan lo que desde aquí, desde un lugar que aun estando en el centro del país es el más alejado de todos los sitios, en donde hasta a las leyes mexicanas les cuesta trabajo llegar, se mira se piensa y se dice.
Por eso pinto, y porque pintar es un mirar más allá de donde miran los ojos; un pensar más allá de donde llega el pensamiento; un decir más allá de lo que pueden decir las palabras.
Es así que en los lienzos, con los colores, las formas y las texturas intento decir lo que de otra forma no podría.
Por eso pinto, y porque la voz del color y la forma tienen un eco que resuena no sólo un instante sino que se oye y se oirá aun cuando pasen los años y de ella sabrán quienes aun no han nacido.
Y su voz llega y puede llegar aun más lejos que el grito mas fuerte y podrá comprenderse no importa el lenguaje que se hable en aquellos lugares, o aun el que no hable ninguno, porque el dolor, la soledad, la alegría, la nostalgia, o el gusto por la vida los puede entender cualquiera, aun aquellos para quienes no fueron pintados.
Por eso pinto.
Cierto que así como las palabras se enfrentan a veces a oídos cerrados o a gritos más fuertes, habrá quienes no quieran mirar estos lienzos y ha de ser porque en unos se mira el reproche o la burla, o tal vez la advertencia, o un simple llamado a que dejen entrar en sus ojos y oídos, y sobre todo en sus corazones, las voces de aquellos, los otros que no son como ellos. No importa que algunos desvíen intencionalmente la mirada; eso a un pintor como yo no podría ofenderle porque quiere decir que sí dicen algo esos colores y formas, pues yo entiendo también de ese lenguaje de gestos y actitudes y me honran con ellos como me honra estar en el sitio en que ahora me encuentro, y como me honra la saña con la que otros trataron hace exactamente cuatro anos y medio mi cuerpo.
Hace algunos días decía yo a mi esposa que si bien no he sido muy prodigo en cartas y a veces mi pluma no escribe, tal vez porque se siente muy cómoda en el lapicero, a ella y a mi hija les he escrito muchos lienzos y en ellos les digo tantas cosas que tal vez ni yo mismo las hago conscientes.
Por eso pinto, y también porque los cuadros son cartas que pueden mirarse una y otra vez y siempre habrá algo nuevo en cada lectura.
Por eso pinto y por eso seguiré pintando y porque pintar es vivir. Sí, tanto así que parafraseando a Descartes podría decir: PINTO, LUEGO EXISTO.
Jacobo Silva Nogales
“La Palma”
Almoloya de Juárez, México.
2004