Una
relación necesaria pero aún lejana en América Latina
entre la Educación y la perspectiva de género1
Malú Valenzuela y
Gómez Gallardo, Grupo de Educación Popular para Mujeres,
A.C.
Introducción
El presente trabajo representa
un esfuerzo de reflexión inicial sobre el que habrá que seguir
profundizando e investigando en torno a las tendencias actuales resultantes
de la instrumentación de las políticas educativas promovidas
en la región latinoamericana en las últimas décadas
y el impacto que dichas políticas han tenido particularmente en
las niñas y las mujeres.
A pesar del enorme avance
de los estudios de género que nos permiten conocer con cierta objetividad
la problemática que enfrenta la población femenina en nuestros
países, existen aún grandes vacíos de conocimientos
acerca de la realidad educativa latinoamericana que enfrenta la población
infantil y adulta, así como los efectos de las políticas
en esta materia han seguido los gobiernos. El impulso de más y mejores
investigaciones, bajo un enfoque de privilegio dentro de la igualdad de
oportunidades la revalorización de las diferencias sexuales
y genéricas en este terreno, nos debe permitir ir desarrollando
alternativas para promover la tolerancia, la justicia y la democracia.
Hablar de una relación
entre la educación y la perspectiva de género en el contexto
latinoamericano implica en primera instancia, referirnos a la situación
de pobreza en la que se desenvuelven gran parte de los países de
la región y sus efectos en la población femenina infantil
y adulta.
Implica también, analizar
el avance y los obstáculos enfrentados en el cumplimiento de los
acuerdos y compromisos con relación a las mujeres que han emanado
de las cumbres, conferencias y foros internacionales, particularmente de
la Conferencia Mundial sobre Educación para Todos y La Cumbre de
las Américas y han sido asignados por los gobiernos de América
Latina
De igual forma, implica analizar
la problemática, desde el punto de vista cualitativo, el contenido
mismo de los planes y programas de estudios, el vínculo que establecen
las maestras y maestros con sus estudiantes, el mensaje que se trasmite
de manera implícita en cuanto actitud y valores, todo ello con el
propósito de valorar el sentido de cambio o reforzamiento de los
estereotipos de género que privan a los infantes de crear o inventar
nuevos horizontes y referentes que les permitan construir una sociedad
más equitativa y justa. Implica por último formular con seriedad
algunas propuestas viables tanto de reflexión como de acción
que posibiliten en un sentido colectivo avanzar para que la educación
se convierta en un verdadero instrumento de transformación social
real en el presente para los hombres y mujeres, en un futuro mejor para
las generaciones jóvenes.
Los aspectos antes mencionados
constituyen el contenido básico de este trabajo en donde se presenta
un panorama general de la educación básica, tomando datos
de algunos países de la región y de manera particular la
realidad de México, debido al alcance de la información con
la que contamos y que representa el ámbito de nuestra acción
directa.
La educación
en el marco de los procesos sociales y su impacto en la población
femenina
Una pregunta inicial es ¿en
qué medida las políticas educativas se han aplicado en los
últimos años han constituido un factor para el mejoramiento
de las condiciones de vida de los países latinoamericanos, particularmente
para los más pobres y entre éstos a la población femenina?
En primera instancia para
dar respuesta a esta interrogante se requiere analizar los procesos educativos
y su vinculación con los procesos sociales amplios.
Se han echo a la fecha muchas
apologías de lo que significa el fin del milenio en términos
de los logros y los retos venideros para el siguiente siglo. A pesar de
los vertiginosos cambios en la estructura económica de nuestros
países, los dolorosos procesos políticos de cambio en aras
de la democracia, las transformaciones sociales en cuanto a mayor acceso
a la salud y la educación, así como el aumento en las perspectivas
de vida de grandes núcleos de población, la apertura de ciertos
esquemas culturales en favor de al participación de las mujeres
en todas las esferas de la vida pública, aún prevalecen grandes
desigualdades que laceran nuestros anhelos democráticos y de justicia
social.
-
“ El desafío más
importante en América Latina a fines de este siglo consiste en la
eliminación de la pobreza. América Latina tiene niveles muy
altos de pobreza y de desigualdad. El 44% de la población vive en
condiciones de pobreza (CEPAL, 1999) y al menos 8% de personas de más
de 15 años quisieran trabajar y no tienen empleo (BID, 1998).
-
“ La pobreza es aun más
aguda para el 8% de los latinoamericanos indígenas. En Guatemala
por ejemplo, el 87% de los hogares indígenas viven bajo la línea
de pobreza y el 61% en pobreza extrema. En México, en los municipios
mayoritariamente indígenas, el 80% de la población es pobre.
En Perú 79% de los indígenas vive bajo la línea de
pobreza” (Reimers Fernando, 1999).
Los programas de combate
a la pobreza han sido infructuosos, toda vez que las prioridades en mayor
o menor medidas por los gobiernos latinoamericanos particularmente en las
dos últimas décadas, han privilegiado la competitividad,
la eficiencia y la productividad de este mundo globalizado y en donde la
educación, que debiera ser un bien común, se convierte en
una mercancía para aquellos países que basan su progreso
en la información y se orientan al mercado mundial, lo cual
requiere de competencias cada vez más sofisticadas y de personas
técnicamente capacitadas, alejándose así de la distribución
del conocimiento para el beneficio colectivo y el mejoramiento de las condiciones
de vida de las mayorías.
Aparejada a los grandes indices
de pobreza. América Latina vive niveles de desigualdad enormes.
“Los más altos niveles de desigualdad de observan en Brasil, Chile,
Ecuador, Guatemala, México, Panamá y Paraguay. En Brasil
el 10% de la población con más ingresos tiene ingresos casi
sesenta veces superiores al 10% con menos ingreso. En Uruguay, el país
con menor desigualdad, esta relación es de 18 veces. En México
es de 40 veces” (ibidem).
Si bien la realidad de los
países latinoamericanos no es homogénea y en ésta
inciden complejos procesos históricos, geopolíticos y económicos,
cabe destacar que aquellos países que impulsaron como política
la expansión educativa en los últimos 50 años o incluso
100 años, persisten menores niveles de desigualdad relativa, tal
es el caso de Argentina, Costa Rica, Perú, Uruguay y Venezuela.
Sin embargo, los países con una proporción alta de población
indígena, excepto Perú, se encuentran entre aquellos con
mayor grado de desigualdad (cfr. ibidem).
Los signos del modelo económico
neoliberal en América Latina, bajo los designios de los organismos
multilaterales, con todo lo que ello contrajo en términos de privatización
de las empresas estatales, adelgazamiento del Estado, reorientación
de los procesos económicos y fuerte endeudamiento externo, fortalecimiento
del capital usurero en detrimento del financiamiento a la mediana empresa
y al campo, entre otros muchos factores, han dejado saldos negativos a
pesar de la supuesta recuperación de la década de los 90
después del impacto de la crisis de los 80, dado que no han brindado
a las grandes mayorías, particularmente a los sectores más
empobrecidos, las oportunidades educativas que les permita mejores niveles
de empleo, de alimentación, vivienda, recreación, salud,
en otras palabras, una educación que les posibilite la adquisición
de habilidades y competencias para acceder a una vida digna.
Como respuesta a esta situación
se ha abierto canales muy amplios de participación de una sociedad
civil cada vez más activa y critica, que se manifiesta no solo desde
una posición contestataria, sino que empieza actuar de manera más
constructiva y propositiva. En esta emergencia social aparecen los rostros
y las demandas de grupos y sectores específicos, tales como los
indígenas, los jóvenes, los desempleados y las mujeres. Sin
embargo, aún falta un buen tramo por recorrer para que los esfuerzos
de las democracias emergentes logren revertir la situación imperante
que mantiene a uno de cada tres latinoamericanos en condiciones de marginalidad,
exclusión y pobreza.
Las oportunidades educativas
deben perfilarse para abrir espacios en los que la democracia se convierta
en una forma de vida en todos los ordenes de la actividad humana, esto
es importante en la medida en que “quienes perciben que no tienen oportunidades
sociales no creen tener mucho que perder en el colapso de las organizaciones
e instituciones existentes. Un reciente informe del Banco Interamericano
de Desarrollo documenta una relación entre el nivel de desigualdad
en las sociedades latinoamericanas y el porcentaje de la población
que prefiere formas de gobierno democráticas: Donde la concentración
es más equitativa, como Uruguay o Costa Rica, una proporción
alta de la población considera que la democracia es preferible a
cualquier otra forma de gobierno. En los países más inequitativos
hay una mayor tendencia a aceptar gobiernos autoritarios y son más
los que creen que da lo mismo un régimen democrático que
uno no democrático... (BID, 1998).
Las severas repercusiones
de la falta de oportunidades como resultado de la aplicación de
un modelo injusto e inequitativo han sido ampliamente documentadas en toda
América Latina, en donde la situación de las mujeres ha venido
cobrando mayor importancia dado que ha sido la población femenina
de los sectores populares y en particular del medio rural e indígena,
la que más drásticamente ha tenido que redefinir sus formas
de existencia para subsanar los estragos de las políticas económicas
impuestas. En 1990 del total de las mujeres el 51% pertenecía a
familias en situación de pobreza y un 8.5% viven en pobreza extrema
(GIMTRAP,1994). Estos datos evidencia el fenómeno que se ha dado
en llamar la “feminización de la pobreza” (Anderson J, 1994).
Esta situación ha
impulsado a miles de mujeres al mercado informal y formal de trabajo, cuya
participación se ha incrementado y mantenido en dos últimas
décadas. En México actualmente la población económicamente
activa femenina de 12 añosen adelante se calcula en un 35% (De Oliveira
O, 1997)
La participación femenina
en la producción de bienes y servicios por la obtención de
un salario, si bien les permite a las mujeres acceder a las mercancías
y servicios que de otra manera no podrían adquirirlos, resulta generalmente
una sobreexplotación, al asumir nuevas responsabilidades sin que
tengan apoyos institucionales y familiares para atender las actividades
domésticas y en especial el cuidado de sus hijas e hijos que ya
desde antes realizaban.
La doble jornada se agudiza
y aumenta la carga de trabajo femenino, en tanto que la reproducción
cotidiana sigue siendo depositada en el espacio privado, siendo las mujeres
responsables de garantizar el bienestar familiar. Es así que las
mujeres de los sectores populares han subsidiado al capital, al tener que
resolver a bajísimos costos la reproducción de la vida cotidiana
y han sostenido con su trabajo privado y público el peso de las
crisis y las políticas económicas.
Hacia una educación
no discriminatoria
Dado el reconocimiento de
la necesidad de impulsar programas que privilegien la equidad de género
en el ámbito educativo, en los últimos foros y cumbres mundiales
se han dictado recomendaciones a los países participantes para instrumentar
medidas correctivas y alternativas que propicien una educación no
discriminatoria.
Tal es el caso de la Declaración
Mundial sobre Educación para Todos realizada en Jomtien, Tailandia
en marzo de 1990, de igual manera en la IV Conferencia Mundial de la Mujer
que se llevo acabo en Pekín en 1995 y en la Quinta Conferencia Internacional
sobre Educación de Adultos (CONFINTEA V) realizada en Hamburgo
en 1997, en las que se recomienda a los gobiernos de los países:
“Garantizar como prioridad
urgente, el acceso y mejorar la calidad de la educación para niñas
y mujeres y suprimir cuantos obstáculos se opongan a la participación
activa. Debe eliminarse de la educación todos los estereotipos en
torno a los sexos.”
Asegurar el acceso universal
a las niñas a la educación primaria y secundaria antes del
año 2015, adoptando medidas, tales como el aumento de matrículas
y becas para las niñas y jóvenes.
Elaborar planes de estudio
y libros de texto libres de estereotipos para todos los niveles de enseñanza,
incluida la formación del personal docente.
Eliminar todas las barreras
que impidan la asistencia a la escuela de las adolescentes embarazadas
y de las madres jóvenes, incluyendo facilidades para el cuidado
de sus hijos/as.
Adoptar medidas positivas
para aumentar la cantidad de mujeres que participan en las decisiones en
materia educativa, particularmente de profesoras.
Erradicar el analfabetismo
entre la población femenina.
En términos de política
educativa cabe señalar en concreto algunos de los lineamientos de
la conferencia de la Educación para Todos, porque representa, desde
nuestro punto de vista, un cambio sustantivo para orientar los esfuerzos
en materia educativa.
En términos
de la propuesta de esta Conferencia establece que:
1. Cada persona -niño,
joven o adulto- deberá poder aprovechar las oportunidades educativas
destinadas a satisfacer sus necesidades básicas de aprendizaje.
Estas necesidades abarcan tanto las herramientas esenciales para el aprendizaje
(tales como la alfabetización, la expresión oral, el cálculo
y la solución de problemas) como los contenidos básicos de
aprendizaje (conocimientos, habilidades, valores y actitudes) que requieren
los seres humanos para sobrevivir, desarrollar todas sus capacidades, vivir
y trabajar con dignidad, participar plenamente en el desarrollo, mejorar
la calidad de sus vidas, tomar decisiones informadas, y continuar aprendiendo.
El alcance de las necesidades básicas de aprendizaje y la manera
de satisfacerlas varían según cada país y cada cultura,
y cambian inevitablemente con el paso del tiempo.
2. La satisfacción
de estas necesidades fortalece a las personas en sus capacidades y les
confiere la responsabilidad de respetar y desarrollar su herencias cultural,
linguística y espiritual común, promover la educación
de los demás, defender la causa de la justicia social, proteger
el medio ambiente y ser tolerantes con los sistemas sociales, políticos
y religiosos que difieren de los propios, velando por el respeto a los
valores humanistas y de los derechos humanos comúnmente aceptados,
y trabajar por la paz y la solidaridad internacionales en un mundo interdependiente.
3. Otro objetivo, no menos
esencial, del desarrollo educativo es la transmisión y el enriquecimiento
de los valores culturales y morales comunes. Es en estos valores que los
individuos y la sociedad fundamentan su identidad y su dignidad.
4. La educación
básica es más que un fin en sí misma. Es el cimiento
del aprendizaje y el enriquecimiento del desarrollo humano, sobre la cual
los países pueden construir de manera sistemática, otros
niveles y tipos de educación y capacitación (Articulo 1.
Declaración Mundial sobre Educación para Todos).
De igual manera hace poco
menos de un año, los jefes del estado del hemisferio, reunidos en
la Cumbre de las Américas en Santiago de Chile, suscribieron una
declaración que le da prioridad estratégica a la educación,
y que hace explicita la expectativa de que la educación será
una herramienta clave en el combate a la pobreza.
En la declaración
de esta cumbre se proponen las siguientes estrategias educativas:
1. Programas localizados
para poblaciones vulnerables, con énfasis en educación inicial.
2. Sistemas para
evaluar el rendimiento escolar.
3. Programas de
formación del magisterio.
4. Fortalecimiento
administrativo e institucional.
5. Educación
para el trabajo.
6. Currículos
multiculturales y políticas del lenguaje.
7. Educación
en valores.
8. Utilización
de información y tecnologías de comunicación.
9. Aumentar
la disponibilidad de tecnologías instruccionales.
10. Utilizar nuevas tecnologías
para conectar a escuelas y comunidades.
11. Programas de cooperación
hemisférica para la formación de altos niveles de administradores,
docentes y alumnos.
En el marco de las recomendaciones
de políticas cabe destacar la situación educativa imperante
actual y en particular aquella que enfrenta la población femenina.
1Una
parte importante de las ideas de este escrito son producto de las reflexiones
y del trabajo del equipo del proyecto “...Otra forma de ser maestras, madres
y padres...Ó que desarrolla el Grupo de Educación Popular
con Mujeres, AC Muchas de estas reflexiones son de carácter inicial
por lo que deberán ser analizadas en el contexto en el que se han
elaborado.
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