| Alternativa
para una Educación Democrática en América
José Ramos, Secretario
International, SUTEP, Lima, Perú,
I.
Introducción
En América existen
dos realidades históricas, económicas y sociales. E.E. U.U.
y Canadá constituyen una realidad marcada por lo que se denomina
el desarrollo y el liderazgo mundial en los índices del desarrollo
humano, por su ubicación en el concierto del “Primer Mundo”. Los
países latinoamericanos y caribeños se ubican en el polo
de la pobreza, los que a el eufemismo de los organismos internacionales
denomina “países emergentes”.
La distinción es importante
cuando tenemos el propósito de elaborar una alternativa común
de educación para América. ¿Hasta qué punto
será posible que los pueblos y los ciudadanos de ambas realidades
podamos ponernos de acuerdo para un proyecto común de reforma educativa?
¿No sera una ilusión o utopía inviable trazarnos una
meta común frente a la inmensa brecha existente entre un mundo que
ha logrado innegables avances tecnológicos-científicos y
en los niveles de vida de su respectiva población, y otro que permanece
entrampado en el subdesarrollo, el atraso en todos los órdenes,
la inestabilidad de sus procesos políticos y la subordinación
de sus economías a las decisiones tomadas en el Banco Mundial y
el Fondo Monetario Internacional? ¿Por qué en el pasado,
antes de la presente década, no hemos trazado esta estrategia de
acción común si los problemas derivados de las desigualdades
entre ambas realidades ya existían?
Sobre todo la última
pregunta merece una respuesta prioritaria para entender el propósito
que la Trinacional en Defensa de la Escuela Pública se ha trazado
desde hace algunos años. Estamos hoy frente a la estrategia neoliberal
del capitalismo y la globalización uniformizadora de sus políticas
económicas, sociales y culturales. Crece la compresión de
los resultados negativos de los ajustes estructurales que el Banco Mundial
y el Fondo Monetario Internacional imponen a cada uno de los países
latinoamericanos y caribeños.
En el campo de la educación
no cabe duda que el neoliberalismo promueve y aplica políticas que
reducen los avances producidos en materia de democracia educativa, a la
par que introduce elementos ideológicos- como el individualismo
y el pragmatismo- contrarios a los ideales de justicia, de solidaridad,
de igualdad de derechos y de oportunidades.
El Tratado de Libre
Comercio y la NAFTA, como parte de la “Iniciativas de las Américas”,
profundizan la aplicación de las políticas neoliberales,
perjudicando grandemente a las poblaciones de los países desarrollados,
inclusive EE. UU. y Canadá. El afán expansionista del
TLC-NAFTA por toda América no está en duda.
Como se ha expuesto en la
IV Conferencia Trinacional en Defensa de la Escuela Pública (Querétaro,
México, 7-8 de noviembre 1998) las decisiones del neoliberalismo
afectan en todas partes, limitan la capacidad de los estados y obstaculizan
el trabajo y los logros hacia la justicia social.
La oposición a las
reformas educativas promovidas por el neoliberalismo es creciente. Pero
no basta oponerse solamente. Hay que trazar alternativas y estrategias
viables tendentes a defender la escuela pública y el derecho a la
educación, a la vez que promuevan la superación de los problemas
de la educación pública en cada uno de los países
de América. La construcción o elaboración de una Alternativa
para una Educación Democrática en América constituirá
una respuesta a la situación de deterioro de los sistemas educativos
por el neoliberalismo, pero también debe significar un proyecto
nuevo de educación. No pude ser una mera respuesta a la crisis actual,
sino una proyección renovadora hacia el siglo XXI.
La Trinacional se suma, como
un ámbito mayor, a las corrientes nacionales que impugnan a las
reformas educativas neoliberales y trabajan por la elaboración de
nuevos proyectos de educación para sus países. Casi todos
lo sindicatos de trabajadores en la educación están animados
por las mismas preocupaciones que tiene la Trinacional.
Una alternativa educativa
democrática para América tendrá en cuenta no solamente
los elementos comunes, sino también las diferencias y pluralidades
existentes en cada país.
II.
Premisas Básicas
1. La crisis educativa
atraviesa toda América. En los últimos 20 años esa
crisis ha sido abordada por el neoliberalismo con dos criterios fundamentales:
a) una concepción
mercantilista-empresarial de la educación, bajo el imperio del libre
mercado y la formación individualista y pragmática de la
niñez y la juventud;
b) el criterio del ahorro
fiscal que obliga a extender el carácter privado de la educación
con la consiguiente destrucción de la escuela pública gratuita
y universal.
Desde tales criterios se
manejan los contenidos curriculares y los métodos pedagógicos;
la selección de maestros y administrativos; el dominio de visiones
gerenciales y rentistas de la escuela.
La crisis educativa, siendo
una realidad indubitable, exige respuesta. El neoliberalismo da la suya.
Los que defendemos la escuela pública y su carácter democrático
tenemos la nuestra.
2. Sin embargo, en
América hay cuatro niveles en el desarrollo de la educación:
a) En los Estados Unidos
y Canadá la mayoría de alumnos tiene acceso a una educación
extensiva y de buena calidad, tanto en las artes como en las ciencias.
Los jóvenes, en su mayor parte, cumplen 12 años de escuela
básica y en Canadá, la mayoría tiene acceso de alguna
forma a la educación superior.
Pero dentro de ésta
abundancia aparente, existen desigualdades crecientes. En los Estados
Unidos se invierten muchos más recursos en la educación de
los hijos de las clases alta y media que en la de los pobres y las minorías
étnicas. La educación en Canadá también
padece sus desigualidades, aúnque son menores que las de los EEUU.
Los niños indígenas en particular enfrentan más barreras
a la educación que otros niños. La globalización y
los vínculos póliticos neoliberales y acuerdos de comercio,
han traído recortes en programas públicos, incluyendo la
educación, y han acelerado la privatización en este campo.
b) La educación
en América Latina, con la excepción de Cuba, esta verdaderamente
atrasada y con profundas desigualdades entre las clases sociales, entre
la educación urbana y la rural, entre la educación para los
mestizos y para las minorías étnicas; y con la aplicación
de las políticas neoliberales está produciendo el ahondamiento
de las desigualdades y la desintegración de ciertos valores positivos
que se han venido conquistando; y una educación donde el divorcio
entre escuela y vida, entre escuela y trabajo, es más visible y
alarmante;
c) En el Caribe inglés-hablante
la mayoría de países ha desarrollado sistemas escolares basado
en el modelo de la educación pública británica. Estos
países han logrado niveles académicos y de inscripción
escolar relativamente altos, pero en años recientes dichos logros
se ven amanezados por la introducción de las mismas medidas de reajuste
estructural que han azotado a los países latinoaméricanos
en las últimas dos decadas. Los países caribeños enfrentan
también un problema serio de deserción escolar de varones
adolescentes.
d) La educación
cubana, bajo la exclusiva responsibilidad del Estado, de escuela pública
absoluta, de gratuidad y universalidad plenas, ligada al proyecto de sociedad
que se desarrolla en ese país. A pesar de las dificultades económicas
que enfrenta la Isla, la inscripción escolar sigue casi universal
y los estudiantes cubanos demuestran niveles académicos constantemente
alto.
3. En los procesos de
la educación latinoamericana no se produjó el desarrollo
de los postulados de la escuela pública moderna en la misma dimensión
de lo realizado en los sistemas educativos de los países desarrollados.
Asimismo esas sociedades están marcadas por elementos económicos-sociales
heredados del viejo colonialismo, con ausencia de revoluciones democráticas,
con rasgos casi permanentes de autoritarismo y centralismo, con profundas
desigualdades sociales, su educación es antidemocrática y
elitista; el carácter científico está casi ausente;
la coeducación funciona poco; los indígenas forman parte
de los sectores más excluidos del servicio educativo.
Es necesario que se detecten
con precisión los aspectos positivos y las limitaciones y carencias
en cada realidad educativa, de tal manera que a partir de un proyecto global
se generan proyectos nacionales para cada realidad. Consideramos que toda
reforma educativa en cada país debe considerar su propia realidad,
partir de ésta, que es siempre concreta, para transformarla desarrollando
valores propios y convirtiendo a los elementos o experiencias extranjeras
en aportes importantes, no en recetas obligatorias.
Lo que ha ocurrido en nuestros
pueblos latinoamericanos, lo que viene ocurriendo aún, es que las
reformas educativas aplicadas no han tenido ni echado raíz en cada
realidad. Han sido misiones extranjeras, teorías abstractas, modelos
ajenos a lo nuestro, los factores que han trabado el despliegue de nuestras
potencialidades. Así como en la economía y la política
las clases dominantes han carecido de creatividad e independencia; en educación
no hicieron más que imitar y adecuarse a los modelos occidentales
hegemónicos.
No desconocemos que en países
como Uruguay, Argentina y Chile, principalmente, la escuela pública
moderna haya tenido un mayor desarrollo que en el resto, explicable por
el desarrollo que el capitalismo ha tenido en esos países,
por un lado; y por la composición propia de su población
mayoritaria, con escasos conflictos étnicos, por otro lado. Pero
en los países señalados, el neoliberalismo está produciendo
un serio retroceso en materia del derecho a la educación, calidad
educativa, situación decente y, económicamente, recortes
presupuestales. Lo que observamos hoy es que en Uruguay, Argentina y Chile
los logros del pasado están por desaparecer.
En síntesis, nuestro
punto de partida es la existencia de una crisis educativa en América
que requiere una respuesta diferente a la que viene dando el neoliberalismo.
Por supuesto, no se trata de dar sólo una respuesta educativa. Más
allá de lo educativo y pedagógico, está el hecho económico
y el hecho político.
III. Principios para
una Educación Democrática
La educación se
orienta por determinados valores. Los fines, objetivos y las políticas
educativas se basan en los valores fundamentales, a los cuales denominamos
principios.
1. El principio de la
transformación social. Requerimos un sistema educativo que promueva
el cambio de la sociedad, lo que significa formar en la conciencia de la
niñez y la juventud actitudes hacia la búsqueda de una nueva
sociedad, igualitaria y solidaria; educar para superar la situación
de injusticia social actualmente existente, en mayor o menor grado, en
cada uno de nuestros países.
2. Principio de justicia.
Hay que construir un nuevo sistema educativo que asegure igualdad de oportunidades
para todos, independientemente de las diferencias sociales, raciales, religiosas
o de cualquier otra índole. Este principio puede ser formulado como
principio de igualdad, aun cuando el Banco Mundial ha acuñado el
termino “equidad”, que no refleja con claridad la aspiración de
nuestros pueblos a la justicia. El principio de justicia es importante
para definir y distinguir lo democrático o antidemocrático
de su sistema educativo; pero también la calidad de la enseñanza.
Si no hay igualdad de oportunidades para todos, no hay calidad educativa.
Lo que es calidad para unos, sería exclusión para otros.
La calidad no es sólo un problema de rendimiento, sino de justicia,
Tiene un contenido histórico.
3. Principio de integridad.
Es un postulado que obliga a garantizar la plena formación de la
niñez y la juventud, el pleno desarrollo de todas las potencialidades
humanas, incluidas, y con mayor razón, las de aquellos seres discapacitados
congénita o accidentalmente. La formación integral del ser
humano supone combinar adecuadamente la formación científico-tecnológico
con lo científico-humanístico, dentro de un sano desarrollo
de la educación politécnica. Ni el tecnocratismo pedagógico,
ni el gaseoso humanismo constituyen alternativas de formación integral
del niño y del joven.
4. Principio de cientificidad.
Tiene varios significados. Primero, la retroalimentación del proceso
educativo por los avances científicos y tecnológicos; segundo,
la formación de la conciencia crítica y racional del hombre
para la comprensión y aplicación de las leyes del desarrollo
natural y social; tercero, la eliminación de toda forma de fanatismo
y dogmatismo que anulan las capacidades creadoras e imaginativas, y que
llevan al cultivo de ciertos fundamentalismos que peligrosamente se expanden
hoy por el mundo. En la educación de América Latina y El
Caribe, una de las falencias más visibles de la educación
e su falta de cientificidad.
5. Principio de unidad
teórico-práctico. Tiene que ver con la aplicación
de la Escuela de Trabajo, la combinación de estudio con la vida,
la investigación con la práctica productiva, superando el
vacuo teoricismo pero también la limitación practicista.
El teoricismo es herencia del pasado; el practicismo es postulado
y práctica del pragmatismo que la corriente neoliberal pretende
universalizar como parte de su globalización ideológica.
La Escuela del Trabajo se dirige hacia la formación de “productores
libres” r integrales, no sólo en el sentido de la producción
económica de bienes, sino en el sentido amplio, que encierra la
cultura y la propia autotransformación humana. Por eso es una pedagogía
ligada a la producción directa. Metodológicamente es educación
activa.
6. Principio de continuidad.
Se refiere al imperativo actual de educación “para toda la vida”
educación permanente para todos. Especialmente es los países
latinoamericanos y caribeños, la continuidad del proceso educativo,
más allá de la culminación de los estudios profesionales,
y dirigida también a los sectores retrasados en el proceso regular
de formación, debe ser una de las preocupaciones más importantes
de los estados y gobiernos. La educación ecológica, la educación
física, la educación para el cuidado de la salud, entre otros
temas, requieren un tratamiento eficaz que propicie la formación
de una cultura común la servicio del hombre y la sociedad.
7. Principio axiológico.
Orientada a la promoción y desarrollo de los valores superiores
y positivos: la justicia, la igualdad, la solidaridad, la libertad, los
valores democráticos y patrióticos, la honradez, la verdad...;
a diferencia de la axiología neoliberal que hace del individualismo
el valor más elevado de su “modernidad”, con el lucro, el “exitismo”,
la competencia en función de la eficacia del libre mercado.
IV.
Los Fines y los Objetivos
A partir de los principios
señalados, es posible trazar unos fines y unos objetivos que orienten
las políticas educativas en cada uno de nuestros pueblos. Desde
luego que no estamos diciendo novedades. Lo novedoso estaría
en llevarlos a la práctica realizando todos los esfuerzos posibles.
1. Los fines:
a) la formación
plena e integral, el desarrollo de todas las aptitudes críticas
y autocríticas, el cultivo de la iniciativa y la creatividad;
b) la formación
de la conciencia democrática y patriótica, ligada a la práctica
del compromiso social con los demás, no sólo del país
donde se vive, sino del ámbito continental y mundial.
c) la formación
de una conciencia volcada hacia la construcción de una sociedad
justa;
d) promover la compresión,
el conocimiento y la aplicación de los avances científicos
y tecnológicos en beneficio de los pueblos y países, rescatando
y desarrollando el legado popular;
e) la creación
de la igualdad de oportunidades educativas para todos;
f) formar al educando
para la vida y el trabajo en función de la satisfacción plena
de las necesidades humanas y sociales, el cultivo de la experiencia teórico-prácticas,
priorizando lo activo en el proceso educativo;
g) promover el cultivo
de los valores positivos.
2. Los objetivos:
a) forjar la conciencia
nacional, de defensa y afirmación de la soberanía sobre la
base del principio de no ingerencia en los asuntos internos de los países,
de respecto mutuo;
b) forjar la identidad
cultural en el marco de la pluriculturalidad de cada país y las
diferencias existentes;
c) desarrollar la ciencia
y la tecnología en función de las necesidades del desarrollo
de cada país;
d) propiciar el desarrollo
integral descentralizado y autosostenido de cada país en el marco
de su proyecto nacional;
e) promover el desarrollo
de las manifestaciones culturales de los pueblos, sin descuidar ni despreciar
los elementos culturales de otros y de la humanidad;
f) promover, sobre la
base de la conciencia nacional, la conciencia americanista de integración
sin ingerencia ni práctica alguna de colonialismo o neocolonialismo,
afianzando la conciencia internacionalista de respeto mutuo, de desarrollo
común, de paz duradera basada en la construcción de un mundo
con justicia social;
g) promover la preservación
y la defensa de los recursos naturales de los pueblos, haciendo uso racional
de ellos dentro de un proyecto de desarrollo sustentable para el largo
plazo.
V. Los Contenidos Fundamentales
En el proceso de educación,
los valores que sustentan un sistema educativo o pedagógico, se
convierten en temas permanentes, convirtiéndose en condiciones materiales
y culturales de su desarrollo. Hay un conjunto de elementos que la pedagogía
contemporánea viene desarrollando. Unos vienen del pasado; otros,
como los derechos humanos, son sistematizaciones recientes y cada vez más
decisivas para calificar la pertinencia de un sistema educativo. Comenzaremos
por los derechos humanos.
1. Los derechos humanos.
En última instancia, educamos para promover una vida digna para
todos los habitantes de un país y de la humanidad. hay una enorme
distancia entre los postulados nacionales e internacionales que protegen
los derechos humanos y su cumplimiento en las políticas sociales
y económicas, en la conducta de gobernantes y gobernados. Los distintos
tipos de discriminación y las violaciones permanentes de los derechos
humanos siguen en pie. En mayor o menor grado, no hay país inmune
a tales violaciones. La educación para el respeto de los derechos
humanos significa incluirlos en todo el proceso educativo, independientemente
del contenido curricular general.
2. La solidaridad. Es
uno de los valores más importantes para el ejercicio del esfuerzo
colectivo en cada una de las actividades sociales, en el campo de la ciencia,
del estudio, del trabajo y de la producción. Su ejercicio
permanente en el proceso educativo no requiere de mayor fundamentación.
Pero sí debemos de hacer un gran esfuerzo por contrarrestar la campaña
neoliberal en favor del individualismo, que es la negación de la
solidaridad. La educación Democrática rechaza toda tendencia
discriminativa o de segmentación. Considera, como lo señala
el informe de la UNESCO “La educación Encierra un Tesoro”, que la
educación es un bien colectivo.
3. La libertad. En el
reino de la necesidad que domina para millones de seres humanos; en un
mundo dominado por una globalización basadas en las desigualdades
económicas, sociales y culturales; y cuando la manipulación
informativa pervierte la comunicación entre los seres humanos, la
práctica de la libertad sólo se queda en aspiración.
Mucho más cuando el neoliberalismo confunde la libertad humana con
la del mercado, por lo tanto con la libertad que tienen algunos de manejar
la realidad según sus intereses particulares. La escuela puede promover
la conciencia de la libertad propiciando el conocimiento de la realidad
y los problemas sociales.
4. Ciencia-humanismo-tecnología.
Es una tirada inseparable para la educación integral del hombre.
El tratamiento de ambos elementos como antagónicos produce hombres
unilaterales, con una visión parcializada del mundo y del hombre
mismo. Será de un gran avance concatenar ambos elementos en el proceso
de la educación.
5. Ecología y desarrollo
sostenido. El desarrollo como derecho de todos está concebido como
la necesidad de cuidar el medio ambiente y promover el desarrollo de largo
plazo sin destruir las posibilidades de vida de las futuras generaciones;
y estas posibilidades de vida futura tienen, en la vigencia de la naturaleza,
una de sus fuentes fundamentales. La educación puede -y debe- contrarrestar
la tendencia malsana, fortalecida a lo largo de muchos siglos, de depredación
del medio ambiente, de reducción del ámbito de la naturaleza.
6. Interculturalidad y
bilingüismo. Gran parte de las guerras regionales que se producen
en Europa Oriental, tienen, como uno de sus componentes, el odio étnico:
costumbres y razas, idiomas y cosmovisiones, religiones y tradición
histórica diferentes, sin la comprensión debida entre los
pueblos. En América Latina y El Caribe, las diferencias entre mayorías
y minorías nacionales son innegables; pero los procesos educativos
no los abordamos aún adecuadamente. El movimiento por una educación
intercultural bilingüe debe ser afianzado y desarrollado en todo el
proceso de la educación. En algunos países donde se viene
aplicando la reforma educativa neoliberal, sin embargo, se nota su peligrosa
reducción al mero cumplimiento de la formalidad en aras de ahorro
presupuestal; pero detrás de esta práctica “presupuestal”
se esconde una concepción etnocéntrica en favor de lo “occidental”,
como si no hubiesen otras identidades y culturas.
La educación indígena
que hoy promueve la ONU-UNESCO constituye un avance importante para la
promoción del respecto a las minorías, cuando en el artículo
2, inciso b) del Convenio no. 169 “Sobre Pueblos Indígenas y Trabajo”
de 1989, la OIT señala la promoción de “la plena efectividad
de los derechos sociales, económicos y culturales de esos pueblos,
respetando su identidad social y cultural, sus costumbres y tradiciones,
y sus instituciones”. El artículo 28 establece:“ siempre que sea
variable, deberá enseñarse a los niños de los pueblos
interesados a leer y a escribir en su propia lengua indígena o en
la lengua que más continuamente se hable en el grupo a que pertenezcan.
7. Tolerancia y respeto
a las diferencias. Es más general que la práctica de la interculturalidad.
Se respeta a los seres humanos en cuanto a sus ideas, sus opciones de vida,
en tanto tales opciones no signifiquen maltrato a los demás ni menoscabo
a la dignidad humana. Quien práctica la tolerancia, tiene que hacerlo
también cuando se trata de la interculturalidad.
8. Identidades culturales.
La educación en nuestros pueblos debe convertirse en herramienta
para construir una cultura propia, pujante, en asimilación y cambio
permanentes. Educar para que las identidades nacionales no destruyan las
identidades particulares, tan legítimas como aquellas.
9. Progreso y desarrollo
social. No es la modernidad que promueve el neoliberalismo, consistente
en propiciar el copamiento de todas las libertades humanas por el libre
mercado como “motor” del desarrollo. El progreso como avance material y
espiritual; y el desarrollo social como promoción de la vida humana,
dan al proceso educativo el horizonte necesario.
10. Patriotismo y soberanía
nacional. Son contenidos cívicos vigentes, tanto en los países
más desarrollados como en los que todavía se encuentran en
camino hacia la construcción de su nación. El chauvinismo
y la xenofobia deben prevenirse en el proceso de la educación
patriótica. Por otro lado, el patriotismo es algo más que
la defensa del territorio. Avanza hacia la soberanía nacional como
defensa del derecho de cada país a decidir sobre su propio destino;
a promover su propio desarrollo, autónomo y autosostenido; a defender
sus recursos naturales y humanos. La gran mayoría de los países
americanos carecen de tales atributos.
11. Participación
democrática. Frente al centralismo que impera en los sistemas educativos
de nuestros pueblos, y que el neoliberalismo acentúa a través
de su “descentralización”, necesitamos poner en práctica
la participación democrática de nuestros, estudiantes y padres
de familia en el proceso educativo, en el marco de políticas generales
de participación conducidas por la población organizada;
y sobre la base también de una política educativa nacional.
El centralismo sólo puede ser atacado y superado con la práctica
de la participación democrática, es decir, de la capacidad
de tomar decisiones en cada ámbito local o regional, sin propiciar
la desintegración de lo nacional. La “descentralización”
y la “participación” que promueve el neoliberalismo en México,
Perú, Argentina, etc., son para transferir el gasto educativo a
la comunidad.
VI.
Dirección Administrativa de la Escuela
La plasmación
de los valores educativos dependen, en gran medida, de la forma y el contenido
de la administración de las escuelas, su organización y ejercicio
de la autoridad administrativa, de las relaciones internas y externas que
se producen. En el fondo están la concepción y los métodos
de administración escolar, relacionados con la administración
educativa que el estado imparte.
Hay una tradicional forma
de administración de la escuela, autoritaria y empírica,
rutinaria y conservadora. Es una concepción que ha llegado a su
fin aun cuando sus prácticas todavía se dejan sentir en casi
todos los países americanos.
Ante la crisis del sistema
educativo y, por ende, de su concepción administrativa, el neoliberalismo
está imponiendo la concepción empresarial-gerencial de administración
de las escuelas, acorde con su visión mercantil de la educación.
Para esta concepción la administración escolar tiene poco
que ver con lo pedagógico, pues el director-gerente no necesita
ser pedagogo. Incluso el maestro de aula se converte en un técnico
facilitador del aprendizaje, diestro en aplicar metodologías para
la “enseñanza activa”. La administración escolar que propugna
el neoliberalismo busca convertir al centro educativo en un ente autofinanciado,
de manera que la principal motivación de los que lo dirigen tienen
que ver con la generación de “recursos propios”. El maestro de aula
es un trabajador que debe adecuarse al libre mercado.
Frente a la crisis del modelo
tradicional de administración de la escuela, y frente al modelo
neoliberal de educación, recogemos la rica tradición de la
pedagogía moderna y las experiencias de avanzados sistemas educativos,
así como las experiencias de la educación popular de nuestra
América, para señalar elementos de dirección administrativa
de la escuela.
1. La escuela de trabajo.
Significa la proyección de la escuela hacia la vida de la sociedad
para la formación de productores y ciudadanos libres. Su organización
no es de aislamiento sino de inserción en el medio social; no de
adaptación de éste sino de transformación.
2. Relación permanente
entre la teoría y la práctica. La organización y administración
de la escuela debe conducir a recoger experiencias prácticas, sistematizarlas
con la teoría y aplicarlas. Esto requiere medios, espacios adecuados,
módulos de laboratorio, campos de experimentación; en suma,
una nueva relación de la escuela con el medio.
3. Conducción colectiva
y democrática. Directivos, maestros, estudiantes, organizaciones
del medio donde se encuentra la escuela constituirán una unidad
para la toma de decisiones fundamentales; participación democrática
que influirá en el funcionamiento de toda la estructura escolar,
dando la imagen real de una comunidad dinámica y fraterna, capaz
de generar políticas educativas.
4. Proceso colectivo de
enseñanza-aprendizaje. Horario y disposición de las materias
de enseñanza para que maestros y estudiantes interactúen
en el proceso, lejos del verticalismo de la vieja escuela.
5. Relación interdisciplinaria.
Sin menoscabo de las especialidades docentes, la escuela debe propiciar
la unidad del conocimiento, la integración de las materias, la influencia
mutua de las especialidades científicas, humanísticas y tecnológicas.
6. Coeducación
para todos. Debiera ser una obligación implícita la educación
unificada de los sexos como herramienta de educación para la igualdad
de derechos entre hombre y mujeres; mecanismo de derechos democráticos
para las mujeres. La coeducación carece aún de desarrollo
pleno y su ausencia importante refleja la fuerte presencia de elementos
conservadores en la educación de numerosos países americanos
y caribeños.
7. Autodesarrollo personal
y colectivo. En realidad, educamos -o debiéramos de educar- para
que las personas adquirieran capacidad de seguir educándose, autodesarrollándose
en lo personal, y para que coadyuven al autodesarrollo de los demás.
En tal sentido, la organización y administración de las escuelas
facilitarán las actividades del autodesarrollo.
VII.
El Sistema Escolar
Los sistemas escolares
vienen siendo recompuestos en muchos países del mundo, desde luego
en América. El Banco Mundial viene orientando reformas en la estructura
de los sistemas escolares priorizando la educación primaria en los
países subdesarrollados, buscando la universalización en
ese nivel. Su reforma, sin embargo, obliga a la desprofesionalización
de los maestros y a gravar fuertemente a los padres de familia.
Los cambios en los sistemas
escolares, vale decir, en la estructura organizativa de un sistema educativo,
carecen de trascendencia si no obedecen a significativos principios, objetivos
y fines.
En el mundo actual la Educación
Inicial es valorada sin excepciones como la base formativa para garantizar
más adelante una mejor y plena formación y una significativa
escolaridad. Donde hay diferencias, a veces muy serias, es en el nivel
básico, entre los que consideran como nivel básico a la educación
Primaria; entre los que extienden la básica hasta la secundaria;
y entre quienes proponen la desaparición de Primaria y Secundaria
para reemplazarlas por una básica de mayor duración. También
se discute sobre un nivel postsecundaria.
Los sistemas escolares actuales
tienen una estructura parecida. Todos tratan de adaptar sistema escolar
a las necesidades nacionales, o a su concepción educativa. Sobre
esto es riesgoso trazar orientaciones régidas o válidas para
todos los países. Sin embargo. debemos recordar que al lado de la
educación regular, hay que considerar la educación de adultos,
las modalidades de educación especial, la educación a distancia,
las otras formas de educación desescolarizada utilizando las tecnologías
de la comunicación.
Por nuestra parte, proponemos
la introducción de un sub-sistema de programas nacionales de educación
para todos utilizando los más variados instrumentos de comunicación,
sobre los problemas de la ecología, la difusión de la cultura,
la defensa de los derechos humanos, la defensa civil, el cuidado de la
salud, el deporte y la recreación colectivos, etc.
Los sistemas escolares renovados
deben ser totalizadores, en cuanto deben abarcar todos los elementos de
la educación y la cultura; articulados, lo que significa interrelación
de niveles y grados en toda su estructura; flexibles, que permitan realizar
los cambios necesarios en el proceso de su aplicación; funcionales,
de tal manera que sirvan al proyecto global de desarrollo de cada país
y a las necesidades de la población.
VIII.
Las Condiciones
1. El escenario de América
es variado en su naturaleza original y en su cultura. La riqueza que encierra
permite desarrollar la imaginación creadora para educar a la niñez
y para hacer de la escuela un espacio atractivo, como lo demuestra numerosas
experiencias de educación popular.
2. Para desarrollar una
educación democrática en nuestra América hay que producir,
sin embargo, cambios fundamentales en el ejercicio del poder del Estado,
en la conducción de éste, en el manejo de la economía
y de los medios de comunicación. Sin estados y sociedades democráticos
no puede existir ni desarrollarse una educación democrática.
En el presente el obstáculo más difícil es la estrategia
neoliberal que ha cercenado los derechos sociales relacionados con la educación,
la salud y la seguridad social.
3. Sólo con cambios
profundos en materia educativa se puede superar la crisis actual. Necesitamos
una reforma educativa integral en cada país y que no sólo
se quede en lo curricular, lo metodológico y administrativo.
4. Una condición
sustancial para desarrollar una reforma educativa democrática es
la vigencia de la escuela pública como derecho a la educación
y obligación del Estado, su modernización y renovación,
con sus contenidos históricos, políticos, económicos,
culturales y pedagógicos. Sin escuela pública no será
posible desarrollar la igualdad de oportunidades para todos ni será,
igualmente, posible enfrentar la ola privatizadora del neoliberalismo.
5. La defensa de la profesión
docente como carrera pública es otra condición para garantizar
una nueva educación, pues el neoliberalismo ha decidido destruirla,
empezando por una crítica mordaz a la docencia pauperizada de América
Latina y El Caribe, socabarla y menospreciarla para justificar la reducción
de las remuneraciones en términos reales.
6. Somos conscientes de
que sólo un movimiento amplio por la defensa de la escuela pública
y la búsqueda de una alternativa de educación democrática
podrán hacer posible el cambio el cambio de rumbo en la educación
de nuestros pueblos. Hay que generar en nuestros pueblos americanos esa
conciencia. Los maestros, la juventud, los intelectuales democráticos,
son parte de las fuerzas sociales y políticas que deben comprometerse
en una lucha que, por sus grandes objetivos, será larga y compleja,
sujeta a la fuerte presión que ejerce la globalización de
los monopolios y sus organismos internacionales.
IX.
Perfil Docente
Los docentes americanos
estamos sometidos a condiciones económicas y sociales diferentes,
según se trate de quienes pertenecen al mundo desarrollado de los
EE. UU. y Canadá; o pertenezcamos a los países subdesarrollados.
Habría que abordar,
en primer lugar, la formación docente, sus componentes y su proceso.
No es nada seria la suposición de la inutilidad del maestro frente
al desarrollo de la cibernética y los modernos procesos de trasmisión
de ideas, textos, etc. La preparación de maestros seguirá
siendo necesidad de las sociedades futuras. Lo que cambiará será
su perfil, sus componentes, mas no su papel fundamental en el proceso enseñanza-aprendizaje.
Concebimos la formación
docente en tres niveles:
1o) el nivel de cultura
general para todo docente, que incluye el conocimiento y la comprensión
de los fenómenos naturales, humanos, culturales, científicos,
tecnológicos, incluyendo la cibernética y su desarrollo para
el manejo de la información; en tal sentido, el maestro debe conocer
los fundamentales datos de la geografía y la historia del mundo
y de su país; las ciencias naturales y los elementos básicos
de las matemáticas, las artes y la literatura, los procesos tecnológicos,
la sicología y la filosofía; es decir, requerimos un docente
con una formación cultural lo más sólida posible para
enfrentar los grandes retos de lo que se denomina ya la “sociedad del conocimiento”;
2o) el nivel de formación
pedagógica común a todos los maestros, independientemente
de su especialidad, lo que significa el conocimiento cabal de la Pedagogía
en general, los métodos generales y de la investigación científica,
las ciencias auxiliares de la Pedagogía, la sicología
pedagógica, etc.; de tal manera que el futuro profesor conozca los
fundamentos de su profesión;
3o) el nivel de la formación
especializada, que incluya la práctica suficiente en la especialidad
correspondiente; por lo tanto, en este nivel de nivel de formación
se produce la diferencia profesional.
La formación docente
debe ser de categoría universitaria y no, como lo concibe el neoliberalismo,
como una mera técnica de trasmisión o de facilitación
de aprendizaje. La formación universitaria del nuevo maestro, siendo
una necesidad, debe ser, sin embargo, flexible, de tal manera que sea posible
formar maestros indígenas y otras cultural minoritarias que trabajen
en su propia realidad, que eduquen a su propio pueblo, no para producir
segmentación entre ellos y los demás grupos étnicos,
o entre ellos y los mestizos o “blancos”, sino para facilitar el
proceso educativo y la revaloración de los elementos culturales
de cada pueblo.
En cuanto a las características
del docente, el perfil propiamente, concebimos como las más significativas:
1) formación
profesional sólida y volcado al conocimiento científico de
su realidad y de las materias de su competencia;
2) compromiso permanente
con los problemas de su país y de la población;
3) compromiso con los
esfuerzos por la transformación de las realidades injustas y la
creación de un orden social justo;
4) respetuoso de la niñez
y la juventud y forjador de ellos en las conciencia de la dignidad y la
lucha por un mundo mejor;
5) conductor y organizador
de su pueblo por mejorar sus condiciones de vida y conquistar sus derechos;
6) comportamiento democrático
en la escuela y fuera de ella;
7) honradez y amor a la
verdad, sin cuyo ejercicio el fanatismo irracional conduce a errores en
la práctica de la docencia.
El tipo de escuela que cada
país tiene se refleja en la clase de maestros, en su comportamiento
ante los niños.
El nuevo maestro buscará
siempre que el niño desarrolle sus propias fuerzas desde los primeros
años, que conquiste lo que algunos pedagogos llaman la “independencia
cognoscitiva”; que forme su personalidad a través de una educación
armónica y multilateral, a efecto de que los niños aprendan
a enfrentarse a nuevos problemas y resolverlos, durante su época
escolar y posteriormente. Sólo un maestro persuadido de su misión
y formado adecuada y suficientemente puede hacer posible tales logros.
En cada uno de nuestros países
existen paradigmas y modelos de maestros que debemos exaltar, valorar y
presentar ante nuevas generaciones.
X.
Buscando un Destino Común
Los americanos estamos destinados
a conquistar la unidad de ideales sobre la base de la justicia, la democracia,
la igualdad, el respeto mutuo.
Cada país americano
tiene valores trascendentes que vienen de su pasado. Son esos valores los
que debemos resaltar para vencer a las fuerzas que imposibilitan unirnos;
también nuestra tradiciones nacionales y populares, el legado de
la humanidad y la aplicación creadora de los avances científicos
y tecnológicos
agosto de 1.999
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