| Education
Democratica Par Enfrentar La Educacion Del Neoliberalismo
Documento de la Conferencia
IDEA, Quito, Ecuador, Septiembre-Octubre de 1,999
Red Social para la Educación
Pública en las Américas - Red SEPA
La educación refleja
inevitablemente las contradicciones de su época y las presiones
que sobre ella pueden ejercer los poderosos. En Latinoamérica, de
hecho esta relación ha planteado cambios que han pasado desde el
laicismo educativo como requisito para superar la producción feudal
e implantar la capitalista, pasando por la promoción de la metodología
llamada “tecnología educativa”, en momentos en los que se impulsaba
la política desarrollista; la generación de carreras técnicas
de corta duración, para lograr la “suplantación de importaciones”;
más tarde la incorporación de técnicas de planificación
estratégica; hasta llegar desde la segunda mitad de la década
de los años 80 al impulso de una postura neoliberal.
La respuesta de los sectores
democráticos y de izquierda, en los años 60 y 70 se concentró
básicamente en la Educación Popular y en la presentación
de propuestas estratégicas de transformación que partieron
de algunos gremios docentes vinculados con otras organizaciones populares.
Estas propuestas se centraban en la necesidad de la toma del poder político
en manos del pueblo trabajador, como garantía y requisito para lograr
una educación que apuntara a la liberación de nuestros pueblos
y a la vida personal de las mayorías también en libertad.
De allí surgían propuestas pedagógicas que impactaron
en la Educación donde los maestros de avanzada las asumían
y, a la vez, surgía la oposición firme a las imposiciones
educativas del imperialismo que trabajaba las reformas educativas de nuestros
países en la Universidad de Nuevo México (en los años
70) o generalizaba una misma propuesta, como sucede hasta hoy cuando repiten
la misma receta cada uno de nuestros países y, también, para
los sectores populares de Estados Unidos y Canadá.
Frente a la destrucción
de los regímenes del mal llamado “socialismo real”, todos los medios
de los sectores dominantes, dentro y fuera de nuestras fronteras, fueron
usados para convencer a los pueblos de que “la historia llegó a
su fin”, que “vivimos una aldea global” y que llegaba el tiempo de un “nuevo
orden mundial” globalizado, de paz y desarrollo. El peso de tal ofensiva
ideológica llevó efectivamente a debilitar las posiciones
democráticas y de avanzada en la mayoría de países
y ha permitir una rápida aplicación de los dogmas neoliberales.
Pero la verdad, es que ese “nuevo orden” no era más que una nueva
careta para una vieja dominación.
Veamos, en una síntesis
muy general, los ofrecimientos neoliberales y sus resultados reales:
-
En primer lugar, los neoliberales
plantearon que su esquema generaba crecimiento de la economía del
mundo. Más allá de éxitos momentáneos en ciertos
países que nos los pusieron como vitrinas y que fueron despedazándose
unas tras otras, las tasas promedio de crecimiento del producto, de la
inversión, de la productividad del trabajo y de los salarios reales
a partir de 1973 se encuentran entre un tercio y la mitad por debajo de
los valores obtenidos durante el apogeo del keynesianismo, mientras que
las cifras del desempleo han crecido bastante por encima del doble (Brenner,
p.3). Así, a nivel mundial el PIB a caído al 2.1% anual,
menos de la mitad del periodo anterior al neoliberalismo; las exportaciones
bajaron del 8.6% al 4.7% y el desempleo creció del 2.6% al 5.7%
de la fuerza laboral mundial. 1
-
Tampoco se ha logrado
el anunciado equilibrio de las cuentas fiscales mediante la aplicación
de las políticas ortodoxas del neoliberalismo. El déficit
fiscal se ha convertido en un rasgo crónico de los capitalismos
avanzados, y mucho más notorio en los países latinoamericanos.
-
El neoliberalismo tampoco
logró resolver el tema de la vulnerabilidad financiera de las principales
economías del mundo. Esa fue la manifestación principal de
la crisis en los llamados Tigres Asiáticos, en Japón, Rusia,
México, Brasil, entre otras. Por el contrario, el carácter
mayoritariamente especulativo de los capitales crea mayor inestabilidad.
-
El problema del desempleo,
es hoy una verdadera plaga que afecta a las economías industrializadas
y a las de periferia por igual. La flexibilización laboral, los
trabajos parciales o precarios, careciendo de seguridad social y de las
prestaciones asistenciales logradas por los trabajadores años atrás,
son muestra de otro de los grandes fracasos del neoliberalismo.
-
El neoliberalismo ha
creado una capa de millones de seres “excluidos” de los bienes sociales.
Este término tuvo que crearse para identificar a millones que no
eran tan solo “marginales” que podían en algún momento incorporarse
a los pocos beneficios del desarrollo que se repartían, sino que
pasaban a ser considerados por los grandes capitalistas casi como “seres
de desecho”, término también propio de esta época.
-
Las guerras son hoy
más numerosas, más sanguinarias y terribles que antes de
la caída del muro de Berlín. El Nuevo Orden de Paz que ofrecieron,
se baña de sangre todos los días.
Así las cosas,
el neoliberalismo ha obtenido un solo logro: garantizar la mayor acumulación
de la riqueza en pocas manos que haya visto la humanidad. Basta ver como
la riqueza de los 10 hombres más millonarios del mundo, supera con
creces a la producción de más de 80 países del mundo.
Entonces, el neoliberalismo ha sido exitoso para fortalecer el poder económico
de unos pocos y ampliar las penalidades de los trabajadores, pero desastroso
desde la perspectiva de las mayorías explotadas y empobrecidas.
El
neoliberalismo y la educación.
El neoliberalismo,
se refleja también en una propuesta educativa que se ha ido conformando
paulatinamente pero que alcanzó rasgos claros e integrales. De hecho,
las propuestas neoliberales parten de la equiparación de la educación
con el mercado, el mismo que es ubicado como una deidad que todo lo puede,
todo lo resuelve y es lo único que debe quedar en libertad. Esta
idolatraría del mercado, como la llamaran líderes de la Teología
de la Liberación, ordenaría los valores morales del neoliberalismo,
y por tanto también las metas formativas ha ser impulsadas en la
educación. Bajo la mitificación de la libertad de empresa
y del libre mercado, duermen los sueños de millones de indigentes.
-
Si la educación
históricamente ha cumplido los roles de socializadora (reproductora
de cultura e ideología) y de formadora de los recursos humanos para
el área productiva, hoy prácticamente queda restringida a
cumplir con la primera de estas funciones, es decir, la de carácter
ideológico, y renuncia a la segunda, pues el crecimiento del desempleo
y del sector de “excluidos” demuestra la incapacidad del sistema para incorporarlos
al empleo. A esa gente, la quieren pobre pero contenta, convencida de que
es su propio error vivir en la pobreza y que nada puede hacer contra el
sistema. Por ello refuerzan la diferenciación social por diversos
mecanismos, tales como : 2
-
La llamada educación
para la supervivencia (a eso reducen el derecho a la vida en condiciones
dignas), como estrategia dirigida a los más pobres, a los que de
por si niega toda posibilidad de ascenso social, y se les ofrece tan solo
conocimientos para leer, realizar operaciones aritméticas básicas
y cómo disponer de la basura, responsabilizándolos por la
contaminación ambiental.
-
La devaluación de
los títulos académicos de los establecimientos y universidades
públicas, para lo cual el recorte de los presupuestos educativos
es una necesidad del modelo. Crean educaciones de primera (privada cara),
de segunda (municipalizada pagada) y deficiente (pública gratuita).
La reducción de presupuestos para la educación pública,
la desatención a la misma, son también condiciones deseadas
por los impulsores del neoliberalismo.
-
La privatización educativa,
como mecanismo de exclusión de los más pobres y de definición
un tipo de educación para cada clase social (calidad de educación
según la capacidad de pago), a veces sosteniendo que una educación
para “los más aptos” (económicamente se entiende) creará
“analistas simbólicos” y otra educación, dará como
resultado a la masa de trabajadores de servicios y operadores manuales.
-
La formación
tecnocrática que deja de lado toda formación humana.
-
Subordinar el mundo
educativo ante el mundo laboral y productivo especialmente de las grandes
empresas, determinando a priori a que debe dedicarse la vida de cada estudiante
(educación según la actividad laboral futura).
-
Junto a ello va la
concepción neoliberal de la educación como una mercancía
y ya no como un derecho humano. Así, la eficiencia financiera es
un objetivo superior, los niños se convierten en materia prima al
ingresar y en producto al salir, los números son el único
mecanismo de evaluar la calidad y los padres de familia son llamados clientes.
La lógica del mercado, si la asumimos como propia o si la toleramos,
lleva al absurdo el proceso educativo y la labor docente.
-
El esquema incluye
modificaciones en el trabajo docente. La flexibilización y las líneas
para dividir y destruir los sindicatos docentes son una constante. Son
muchos los casos en los que la descentralización educativa entendida
como lo hacen los neoliberales, no es mas que un mecanismo buscado para
destruir a los sindicatos, el cual es su objetivo principal.
La base de este esquema,
sería un acuerdo equivalente al Consenso de Washington establecido
por los neoliberales,3 el que
se repite como discurso y como práctica a través de las directrices
del Banco Mundial y otras instituciones financieras (FMI, BID, AID, etc).
Al respecto, es interesante notar como en el período neoliberal,
son instituciones financieras, bancos y afines, las que reemplazan a instancias
como UNESCO en la definición de los parámetros educativos,
reflejando así la total subordinación de los sistemas educativos
ante propuestas de desarrollo más amplias y que, como hemos visto
y sentido, sólo traen dolor para los pueblos.
“El Consenso de Washington
en Educación” (Gentili), se presenta como características
comunes
a las reformas propuestas por los neoliberalesl a la educación de
Latinoamérica: la crisis de calidad se la identifica como crisis
de “eficiencia, eficacia y productividad”, a ella se suma una “crisis gerencial”
y juntas serían la muestra de que “el Estado es incapaz de brindar
calidad educativa” porque la “masificación para universalizar la
educación trajo también la caída de su calidad”. La
solución está entonces en la “competencia” para la que requieren
de la descentralización y la privatización que lleve a la
gente a “invertir en la educación de sus hijos.”
La
educación vista desde el pueblo: un derecho opuesto a la propuesta
neoliberal.
Cuando ubicamos los resultados
del neoliberalismo, de hecho estamos haciendo una crítica a esta
corriente. Pero aquí hay que tener presente que la crítica
nos puede llevar a propuestas de transformación educativa, e incluso
económico-social, que se queden en proponer un cambio del “modelo”.
El neoliberalismo, no es un sistema social, sino que es el instrumento
por el cual la clase dominante de un sistema social, el capitalismo enfrentó
su crisis general. Por tanto, combatir tan solo al neoliberalismo es permitir
que la raíz de los males permanezca e irse por las ramas. La crítica
al neoliberalismo, para ser profunda, no puede buscar una careta diferente
para el mismo sistema económico en el que desarrollamos nuestra
labor educativa, se llame esta keynesianismo, neokeysianismo, “tercera
vía” o como se quiera. No se trata de un “cambio de modelo”.
A nuestro entender, empujar
una crítica al neoliberalismo y su expresión en educación,
debe estar ligada a una posición ideológica, política
y organizativa alternativa al sistema, que no sea funcional al mismo. Por
eso, para empezar, creemos que la calidad de la educación no es
un tema de evaluación sobre los resultados individuales medibles
en si el estudiante accede o no a un puesto de trabajo, es o no lo que
el empresario deseaba, está listo para moldearse a un mundo de injusticia
o se lo considera desadaptado. Esa es la perspectiva de los neoliberales
que juzgan la eficacia educativa en función a si ésta responde
o no a las necesidades del mercado.
Muy al contrario, planteamos
que para los sectores democráticos y populares, la calidad de la
educación debe ser entendida en cuanto ésta contribuye a
una transformación social, a generar ese mundo que anhelan los pueblos,
en los que la libertad y la justicia, el bienestar y el progreso, se repartan
entre todos. Esta es una perspectiva histórica y social de la calidad
de la educación que supera el inmediatismo e individualismo de la
perspectiva neoliberal. Con ella abrimos el debate sobre el para que de
la educación y tomamos una opción entre la respuesta de que
esta sirve para alimentar la empresa que requiere de esos trabajadores,
o la respuesta de que la educación tiene una misión trascendente
para transformar el mundo. No hace falta decir que es esta segunda respuesta
la que consideramos justa.
Recordando a José
Carlos Mariátegui, sabemos que “en todas las conquistas de la humanidad
a los maestros les corresponde buena parte del mérito y de todas
las derrotas, buena parte de la responsabilidad”. Por eso, en los “Lineamientos
para transformar la Educación Ecuatoriana”, la UNE plantea: 4
“La Unión
Nacional de Educadores sostiene que la educación ecuatoriana tiene
que responder a las necesidades de desarrollo de la sociedad en su conjunto,
un desarrollo concebido como un cambio sustancial que modifique las
instancias sociales y políticas de nuestro país y que
siente las bases para una sociedad nueva, verdaderamente democrática,
participativa, con una equitativa distribución de la riqueza,
donde haya trabajo para todos, en la cual los derechos a la salud,
educación, vivienda, sean una realidad para los doce millones de
ecuatorianos”.
En esta perspectiva, la calidad
educativa dejará de tener como base los requerimientos de los empresarios
y pasará a tener como base los requerimientos de la sociedad. Este
es el primer y fundamental paso para hablar de una educación democrática.
Significa esto que a los
pueblos, a los maestros y maestras, a padres y madres de familia, a los
estudiantes, nos corresponde ir delineando ese norte, porque según
sea la sociedad que nos proponemos construir, deberemos decir que la educación
es la que requerimos y, también, cual es el docente que esa educación
demanda.
Para
una educación democrática: vencer la matriz ideológica
neoliberal.
El segundo paso para hablar
de una educación democrática, se presenta en el campo de
las ideas. Los cambios propuestos y aplicados por los neoliberales en la
educación, tienen lógicamente un sustento ideológico,
que los justifica. 5 El neoliberalismo
ha reemplazado al ideal de igualdad de oportunidades, con el lenguaje de
la eficiencia y los costos; los principios, por el pragmatismo; el derecho
a la educación, con el elitismo. La educación es concebida
como una empresa de producción, como una mercancía que debe
servir a un dudoso desarrollo.
La educación vista
como empresa de producción, destaca la productividad cuantitativa,
la relación costo-egreso y la eficiencia económica. El lenguaje
empleado deja ver como se deja de lado el carácter humano de la
educación. Los padres, ahora son “clientes”; los niños dejaron
de serlo para convertirse en “materia prima” sobre la que el maestro trabaja
como “trabajador de la educación” para obtener al final “un producto”.
Los “insumos” educativos, la “calidad total” son , entre otras expresiones,
afirmaciones de un criterio sobre el que se basará su propuesta
de “gerencia” educativa, “competencia”, “flexibilización laboral”,
entre otras.
Retornando a las bases ideológicas,
diremos que estas son el individualismo a ultranza (posmoderno dirán
algunos), y el pragmatismo que propicia el renunciamiento a una actitud
ética, a una defensa de una concepción de vida, y también
que impide un acercamiento científico a la realidad. Esta renuncia
a asumir principios de vida, de hecho significa adoptar el punto de vista
impuesto para las esferas de poder, articulando muchas veces de modo inconsiente
con principios y fines educativos igualmente impuestos.
Una educación democrática
y alternativa, debe promover en los alumnos y en la comunidad educativa
en general una perspectiva de vida solidaria, comprometida y libre de perjuicios.
Por ello es que una educación que verdaderamente se oriente a socializar
valores humanos, es una educación que va contra la corriente neoliberal.
Y esa promoción no puede hacerse por medio de discursos y sermones,
sino por la vivencia de esos valores en el interior del plantel educativo,
lo que demanda que ajustemos desde el trato interpersonal, la distribución
de pupitres, hasta los contenidos de las asignaturas a un propósito
común y socialmente válido.
El punto de partida y donde
se concretan estos valores, está en los Derechos Humanos y la Convención
sobre los Derechos del Niño, comprendiendo que los derechos colectivos
(de tercera generación) y los derechos económico sociales
(de segunda generación), están por encima de los derechos
individuales y aun más de la tergiversación al derecho a
la propiedad que la burguesía lo presenta como derecho a la propiedad
que les permite a ellos explotar y por tanto expropiar de la propiedad
a todos los demás.
Vivir los derechos significa,
entre otras cosas, generar una participación auténtica de
todos los componentes de la comunidad educativa, respetar las diversidades
étnicas y raciales, luchar por la equidad de género, abrir
espacio para el debate y la libre expresión de alumnos y padres,
fomentar la libre organización de los integrantes de la comunidad
educativa, comprometerse con los temas sociales y la protección
del ambiente, desarrollar la cultura nacional, combatir el sometimiento
extranjero, denunciar la injusticia y plantear las salidas a los problemas
populares.
La misma educación
debe ser vista como un derecho que es consustancial al ser humano y que
no puede someterse a las reglas del mercado, ni tratarse como una mercancía.
En suma, una educación
democrática no es posible si nuestra base filosófica, si
nuestras concepciones ideológicas, no rompen con las impuestas desde
el poder.
Para
una educación democrática: universalización y calidad
educativa para todos.
Los neoliberales, como hemos
dicho, plantean falsamente que la ampliación de la cobertura educativa
trajo consigo la caída en la calidad de la educación. La
crisis educativa es parte de la crisis general del sistema, de allí
que se la viva también en los países capitalistas desarrollados,
por tanto tiene otras causas que las conocemos bien y condiciones agravantes
que han sido acrecentadas por la aplicación del neoliberalismo.
Lo cierto es que en el caso
ecuatoriano, y podemos decir que en toda América Latina, el objetivo
de la educación pública, gratuita, laica y obligatoria, nunca
fue asumido realmente por el Estado. Esta fue una bandera de lucha de los
sectores populares que obligaron a la ampliación de la cobertura,
necesaria también para la oligarquía como complemento de
los procesos de reforma agraria y así incorporar a los campesinos
al mercado. Pero educación para todos no tiene porque ser acompañada
con reducción de su calidad y en este caso, el ejemplo de Cuba demuestra
que se puede tener calidad.
El argumento de los neoliberales
está creado para justificar la existencia de distintos tipos de
educación, según sea la “capacidad de compra” del “cliente”
que solicita es mercancía llamada servicio educativo. Para ello,
intencionalmente reducen los presupuestos para la educación pública,
desmerecen la labor de los maestros y plantean cambios que significan la
destrucción de sus derechos, al modo de la flexibilización
laboral que sufren los obreros fabriles. Así, atacan la estabilidad
docente, proponen contratos anuales, ubican a los padres de familia como
patrones, buscan desarmar los sindicatos de maestros, excluyen a los maestros
de la seguridad social, eliminan subsidios de antigüedad. Y todo a
nombre de una mejor educación que nunca llega.
Al tratar este tema, entramos
en el campo de batalla por el presupuesto educativo. Varios organismos
internacionales sostienen que como mínimo, un país que desee
desarrollarse habrá de entregar al menos 6% de su producto interno
bruto a la educación (en el caso ecuatoriano, es una cantidad similar
al mandato constitucional del 30%). Incluso el Banco Mundial reconoce que:
“...Comparada con otras inversiones, el rendimiento social de la educación
es el más elevado, ... Cuatro años de escuela primaria pueden
conducir a un aumento de la productividad agrícola del 8 al 10%...
” 6 Sin embargo, los gobiernos
latinoamericanos han priorizado el pago de la deuda externa, a extremos
de asfixiar a la educación. La salida, entonces, es imponer a los
padres de familia el pago de la educación y ello conduce incluso
a regresar a épocas superadas con miles de niños sin acceso
a la educación. Para tener un ejemplo, las autoridades del Ecuador
reconocen cínicamente que este año 230 mil niños y
niñas se retiraron este año de los planteles educativos.
Una educación democrática,
no puede concebirse si no es para todos. Y no puede ser tal, sino no es
de calidad para todos. Entonces, complementemos el significado de la calidad,
porque desde la perspectiva de lo que ese niño, niña o adolescente
deben alcanzar tras el paso por las instituciones educativas, esta: el
aprender a ser, el aprender a hacer, el aprender a prender el aprender
a convivir con los demás con el compromiso de transformar la sociedad.
Esto marca el tipo de metodologías a emplear, las que requieren
ser:
a) Estimuladoras de la participación
de los estudiantes, ya sea participación activa,
consultiva o en la toma de
decisiones.
b) Metodologías que
permiten la disención.
c) Fortalecedoras de las
decisiones de los niños con los padres, con la escuela, con la
comunidad.
d) Metodologías interdisciplinarias,
porque los valores y los derechos involucran factores
históricos, económicos,
filosóficos, políticos, etc.
e) Metodologías “globalizadoras”
porque deben adaptarse a los tres componentes de las
actitudes: cognitivos, conductuales
y afectivos, aunque se valoren estos últimos más que
el primero.
Didácticamente, puede
hacerse referencia a las siguientes sugerencias o técnicas:
-
Mantener una actitud de respeto
a la identidad personal y a la identidad étnica.
-
Permitir la expresión
libre a los alumnos, la que exige saber escuchar y respetar la opinión
de los demás.
-
Recordar que el niño
descubre el mundo a través de todos sus sentidos, y acepta con mayor
agrado las actividades que toman como fuente de aprendizaje su propia realidad.
Por otro lado, el niño aprende a través de situaciones empíricas
en las que el juego es la principal.
-
Clarificación de valores
en un clima de respeto y confianza.
-
Resolución de conflictos
mediante la negociación.
-
Desarrollo de juegos cooperativos
y de simulación.
-
Valorar el papel del ejemplo
personal.
-
Análisis de conductas
extraordinarias. Lectura de biografías.
-
Análisis de mensajes
transmitidos en los textos escolares y en los medios de comunicación.
-
Estudios de casos. Dilemas
éticos.
-
Juego de consecuencias. Predicción
de consecuencias.
-
Preparación para el
trabajo grupal y el liderazgo.
-
Debates.
-
Clarificación de emociones
y sentimientos.
-
Clarificación de valores:
elección libre, estimación, y coherencia en la acción.
-
Ejercicios de apreciación
estética.
-
Ejercicios de autoafirmación.
-
Ejercicios de reconocimiento
entre hecho y opinión.
-
Ejercicios de reconocimiento
de técnicas de persuación.
-
Actividades de sensibilización
entre problemas sociales.
Para
una educación democrática: romper las relaciones tradicionales
de poder en la escuela.
La verticalidad en
las relaciones sociales genera una ideología autoritaria, la misma
que se expresa también en las instituciones educativas. El autoritarismo
se forma a partir de innumerables condicionamientos:
-
En la familia, con el dominio
paterno.
-
En la iglesia, con la estructura
jerárquica y la imposibilidad de discutir los dogmas.
-
En el trabajo, con
la concentración de toma de desiciones y una dominación de
roles.
-
En el gobierno, en la sociedad,
se da igual concentración de decisiones. Aquí está
también el sistema educativo y los límites legales a lo que
las escuelas pueden hacer.
En la escuela (dicha
en sentido genérico, como institución educativa), casi puede
decirse que los alumnos carecen de derechos. En la escuela autoritaria
se le otorga casi como única función el someterse a las decisiones
de los adultos con el pretexto de que ellos saben lo que necesitan y desean
los educandos. Disciplina significa: quietud, silencio, obediencia, sometimiento
a la voz de la autoridad que, supuestamente sabe lo que es bueno para los
niños y adolescentes. “Nuestras acciones en contraposición
a nuestras palabras parecen decirle al niño: ‘tus experiencias,
preocupaciones, curiosidades, necesidades, lo que sabes, deseas, te preguntas,
esperas, temes, te gusta o disgusta, para lo que sirves y para lo que no,
todo esto no tiene la más mínima importancia, no cuenta para
nada. Lo que importa aquí, lo único que importa es lo que
nosotros sabemos, lo que consideramos importante, lo que queremos que hagas,
pienses y seas’...” . 7
Todo ello tiene graves
consecuencias “El estudiante ... se convierte así en un ser para
el maestro y no para su desarrollo personal” . 8
El problema de la autoridad
existe para todos nosotros. El desarrollo de unas vías libres y
democráticas de existencia, consiste escencialmente en renunciar
a la utilización autoritaria del poder y en proporcionar alternativas
viables. Es éste un problema al que deben enfrentarse todas las
instituciones o individuos dedicados a la enseñanza.
Como ya dijimos, las
normas y rutinas rigurosas son uno de los alimentos del autoritarismo.
En clase, una vez establecidas las rutinas que permiten al profesor controlar
el espacio y el tiempo a su alrededor, el contenido o la calidad de lo
que estamos haciendo dejan de tener importancia. El desarrollo democrático
de las normas de convivencia en el aula, es fundamental para el cultivo
de la criticidad y una disciplina consiente. De lo que se trata realmente
es de trabajar la autoridad sin autoritarismo, un liderazgo democrático.
Una buena constumbre que deberíamos desarrollar los educadores es
preguntarnos el “por qué” de todas las reglas y conflictos que se
puedan presentar en clases. Vale recordar que Paulo Freire solía
decir que la disciplina es el equilibrio entre la autoridad y la libertad.
-
“Lo mejor que puede hacer
la escuela es ser un lugar en el que los jóvenes tengan la posibilidad
de llegar a conocer, con sus fuerzas y debilidades, preparándose
para modificar una sociedad que tiene tan poco sentido. La clase no sólo
separa a los jóvenes de la sociedad. Los segrega también
entre sí ”. 9
-
Todo esto revela que en la
escuela se viven varias paradojas:
-
Es una institución
que tiene el deber de educar (hacer crítico al individuo) y a la
vez socializar (transmitir las pautas de comportamiento culturales).
-
Es una institución
cargada de imposiciones, pero que pretende educar para la participación.
-
Es una institución
jerárquica que pretende educar para la democracia.
-
La participación en
la democracia requiere de fuertes cambios para que efectivamente éstas
puedan vivirse y lograrse sus niveles superiores, pero la escuela persiste
en la tradición.
En la escuela, la finalidad
de la participación no es solo organizativa sino educativa, porque
la tarea de participar es, es en sí misma, enriquecedora. La participación
desarrolla la responsabilidad y la capacidad de dialogar, de planificar,
de aprender y de trabajar en grupo. La participación es un elemento
fundamental de la verdadera democracia. No hablamos de esa “participación”
que se desarrolla en la mal llamada autogestión educativa, en la
que al padre de familia se le impone participar (así de contradictorio)
y se lo hace para descargar en ellos la responsabilidad del financiamiento
educativo. Nos referimos a una participación plena, en condiciones
de iguales, en los procesos de toma de desiciones, para juntos, padres,
alumnos y maestros enfrentar las acciones sociales.
El rol del maestro
cambia así hacia el de un lider comunitario, retomando el ejemplo
de los maestros revolucionarios de latinoamérica, como Simón
Rodríguez, Vasconcelos, Freire y tantos otros.
Para
una educación democrática: defender los derechos y la organización
independiente del magisterio.
No puede haber democracia
si se la niega a los docentes. Los ataques a la organización del
magisterio independiente de los gobiernos o los grupos de poder, los intentos
de destruir a las organizaciones de maestros que se comprometen con la
necesaria transformación social, los hemos vivido permanentemente
y hoy asumen forma de “flexibilización laboral” e incluso de un
falso “pluralismo” tras el que se esconden las garras neoliberales. Los
maestros y las maestras saben que sus conquistas han sido logradas cuando
han contado con la unidad suficiente para enfrentar luchas directas contra
el poder, cuando han contado con organizaciones sólidas y con direcciones
consecuentes. Esto es válido para toda América, de modo que
el propósito de destruir a los sindicatos o controlarlos desde los
gobiernos neoliberales, va ligado al objetivo de anular los derechos docentes.
Sabemos bien que lo
alcanzado es insuficiente para garantizar condiciones adecuadas y dignas
de trabajo para los docentes y de estudio para los alumnos, de modo que
defender las conquistas alcanzadas es parte de una lucha que se complementa
con la determinación de lograr nuevas victorias. Para ellas es precisa
una más directa presencia política del magisterio en conjunto
con los demás sectores populares. Somos parte de la construcción
de una nueva sociedad y ello no es factible hacerlo encerrados en las cuatro
paredes de aula escolar.
Ante esta realidad,
desde el lado de los neoliberales se presentan otras opciones, que por
supuesto siempre niegan su raíz neoliberal. De allí que plantean
darle un “rostro humano” al modelo, aplicar un “neoestructuralismo” en
la economía, realizar los paquetes macroeconómicos con preocupación
social, etc. Todas ellas suponen que la actitud humana es un hecho dado
por sólo ganar la voluntad de quienes gobiernan, encubriendo que
esa voluntad se sustenta en una posición social e ideológica.
Tanto mérito dan a esa voluntad, que aunque suspendan su acusación
al magisterio como responsable de la crisis educativa, le acusan de no
saber “vender” la idea de que la educación es prioritaria, de no
encontrar mecanismos “creativos” (lo que significa alejados del camino
de lucha) para financiar la educación, o más acusaciones
que terminan en lo mismo: el modelo es inocente, los culpables somos sus
víctimas.
La recuperación
de la organización docente y de su presencia social, enmarca las
posibilidades de una acción conjunta a escala internacional
cada vez mayor, necesidad planteada para enfrentar al neoliberalismo o
a la “tercera vía” que desde las mismas raíces de origen
se presenta hoy como alternativa.
Sin duda en este planteo
faltan otros aspectos sobre la lucha contra el neoliberalismo en educación.
Vamos, sin embargo, definiendo alternativas que no sean funcionales al
sistema, sino que lo alteren, que lo mellen. Una educación democrática,
popular, alternativa, no sólo debe ser lo contrario a la impulsada
desde el poder, sino también superior.
La construcción
de esa educación, es tarea de la comunidad educativa, construyendo
nuevas relaciones entre docentes, padres de familia y estudiantes. Este
es el camino que debemos transitar y la Red SEPA tiene un importante papel
para ello, por eso la UNE valora su trabajo y anhela su fortalecimiento.
1 BORON, Atilio A., 1999.
REQUIEM PARA EL NEOLIBERALISMO. Ponencia para el Encuentro Globalización
y Problemas del Desarrollo, La Habana, Cuba.
2 ISCH, Edgar, 1998,
La globalización y los retos para el sindicalismo docente. Ponencia
ante el XVI Congreso de la CEA, Abril, 1998, Quito.
3 GENTILI, Pablo, 1998.
“El Consenso de Washington: la crisis de la educación en América
Latina”. EN revista Horizonte Sindical Número 10-11, IEESA, Octubre
de 1998, México.
4 UNE, 1998. Lineamientos
para transformar la educación ecuatoriana. Cuadernos del Educador,
número 11.
5 ISCH, Edgar, 1992.
¿Eficiencia versus derecho a la educación? Revista Tiempo
de Educar número 7. CENAISE, Quito
6 BANCO MUNDIAL, Informe
de la división de educación. En: CMOPE, Línea sindical
y educativa No. 4, Julio de 1990. Resumen de Marc-Alain Berberat.
7 Holt, John: El fracaso
de la Escuela, España, 1997. Pag. 24.
8 Gutierrez, Francisco.
1985. Educación como praxis política. Siglo XXI, México,
1985.
9 Kohl, Herbert
R.: Autoritarismo y libertad en la enseñanza. Editorial Ariel, España,
1974.
Edgar Isch López-
UNE/Red SEPA
Unión Nacional
de Educadores de Educadores
Quito, Ecuador, 1 de
Octubre de 1999 |