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Red Social para la Educación Pública en las Américas - 
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Civil Society Network for Public Education in the Americas - CSNPEA


 
Defensa y Promoción de la Educación Pública

Documento del Colegio de Profesores de Chile para la Iniciativa Democrática para la Educación en América

1. Crisis de nuestro sistema educativo.

Hoy la educación chilena enfrenta graves problemas de equidad y calidad. Situación que se observa en todo el continente
Esta crisis responde a un factor global, que dice relación con profundos cambios de variadas significaciones y percepciones provocados por la revolución científico tecnológica y la consecuente transformación de las formas productivas y de la comunicación. Pero, junto a ello, a la imposición, sin contrapeso en el mundo, de un modelo neoliberal, que afecta tanto a nuestra sociedad como a nuestro sistema educativo, y que hoy comienza a mostrar sus fisuras.
La imposición del modelo en Chile data de 1979, cuando en pleno desarrollo del terrorismo de Estado, bajo la Dictadura, se inicia el proceso llamado de “modernización” de la educación, en el marco de la reforma global del Estado, desde la propia Constitución Política. Es por ello que afirmamos que, el exportado “modelo chileno” solo fue posible de imponer dada la ausencia de democracia, como también que su imposición global en el continente tiene como condición, a lo menos, restringir la democracia, como su dosis de represión a los derechos sociales ciudadanos por parte de los gobiernos.
Los nueve años de transición no han cambiado, en lo esencial, los enclaves autoritarios dejados por la dictadura en la Constitución Política y la Ley Orgánica Constitucional de Educación.
En este marco, la educación dejó de ser un derecho de todos los ciudadanos y deber del Estado. Se convirtió en una mercancía, sometida a los estrechos criterios de eficiencia y competitividad que rigen al mercado, en el que el Estado asume sólo un rol subsidiario, y, débilmente, regulador de ese mercado, cuyo objetivo es financiar la demanda por educación pero no responsabilizarse por las reales necesidades educativas de la población. 
Por una parte, esto ha generado una profunda segmentación y fragmentación del sistema, afectando gravemente su equidad y calidad y aumentando el desequilibrio socioeducativo en desmedro de los sectores más postergados de nuestra sociedad. En los hechos, el debilitamiento de la educación pública que permitió que surgiera un alto número de escuelas y liceos privados subvencionados por el Estado, que atienden ya a casi un 40 % de la población escolar- agudizó la desigualdad educativa.  Ha significado la existencia de diferentes calidades de enseñanza en función  de los estratos socioeconómicos y, más aún, en la misma educación municipal, dependiendo de si se trata de municipios ricos o pobres.
Por otra, ha transformado profundamente los objetivos mismos de la educación de nuestro país, para responder a las necesidades de formación de recursos humanos para ese mercado. 
La educación no puede ser sólo una mercancía y el educando un mero consumidor. Pero, hoy, la educación tiene una función meramente utilitarista. De este modo, se ha ido transformando también el concepto de calidad de la educación, restringiéndose éste a una capacitación eficiente para producir los diversos tipos de capital humano que esta sociedad requiere para su desarrollo económico, así como a la formación de un ser humano con capacidad para consumir y competir en esta sociedad de mercado. En definitiva, un modelo educativo absolutamente antagónico con los valores humanistas, como la solidaridad, la libertad, el bien común, la cooperación, los derechos humanos; todos aquellos principios que debería fomentar una educación de calidad para favorecer la formación de sujetos activos para el desarrollo de una sociedad democrática y sustentable. 

2. Necesidad de fortalecimiento educación pública

La única posibilidad de superar los serios problemas de equidad y calidad, de fragmentación y segmentación que se constatan en nuestro sistema, es fortaleciendo  el papel del Estado y de la Educación Pública, para que en nuestro país y el continente exista, efectivamente, libertad de enseñanza, y no una enseñanza al arbitrio de la libertad de mercado.
Porque libertad de enseñanza y calidad de enseñanza significa entender a la educación como factor de desarrollo personal, como un derecho y no como una mercancía que puede estar al juego del libre mercado. Un sistema educativo que asegure una educación de calidad para todos, con una base común y respeto a la diversidad, para posibilitar la movilidad social y la integración de los sujetos a la ciudadanía. 
Porque si aún existe en nuestro país una educación prácticamente universal, al menos a nivel de educación  básica y en parte importante de la educación media, no es por obra del mercado sino gracias a la escuela pública garantizada por el Estado que hizo realidad el derecho a la educación. 
Fortalecer la educación pública es sinónimo de un fortalecimiento del derecho efectivo a la educación, sobre todo de los que menos posibilidades tienen. Si la oportunidad de acceso a la educación es la primera exigencia del principio de igualdad de oportunidades, la educación pública ha cumplido un gran papel histórico. Mientras haya desigualdades en la sociedad, de forma que el origen socio-familiar preste distintas posibilidades a unos y a otros, los seguirá cumpliendo. Su ideal social de igualdad se mantiene vigente frente a lo que significa el modelo privado, constituyendo la forma más segura y económica de garantizar esa meta, con todas las modificaciones que sea preciso incorporar.
Por otra parte, nadie ha podido demostrar, en el mundo, que por el hecho de ser pública, la educación es de peor calidad o menos eficiente que si se imparte por centros privados. Nadie ha demostrado la superioridad de lo privado, porque es necesario hacer distinciones; por ejemplo, y de hecho, el sistema público puede ser más eficiente en términos sociales mientras el sistema privado puede serlo, eventualmente, en términos de beneficios privados. 
Lo que sí es innegable es que la diferenciación entre centros públicos y privados provocan una estratificación social de los centros que genera desiguales grados de calidad y de prestigio ante la sociedad, lo cual, a su vez, sigue reproduciendo la desigualdad. La estratificación social implica una dinámica coherente con el principio de libre elección: elegir un centro forma parte de las estrategias para asignarse a sí mismo el prestigio social concedido al colegio elegido. Además, el modelo de elección bajo el esquema del mercado aunque dice que es buena la competencia entre el sector público y el privado y de los centros públicos entre sí, en definitiva lo que hace es debilitar a los sistemas públicos de educación porque obliga a competir a los centros en condiciones de desigualdad al contar con poblaciones escolares socialmente diferenciadas.
Pero un proyecto de fortalecimiento de la educación pública va más allá de la cobertura material del derecho a la educación. También contiene la promesa de integrar la diversidad social en un proyecto común. Por eso, aunque formas privadas de proporcionar el servicio educativo garantizasen cobertura e incluso fueran más eficaces en el logro de alguno de los objetivos de la educación, siempre serían inferiores desde un punto de vista ético y social, mientras la integración de los que son diferentes en un espacio democráticamente gestionado sea un valor digno de tener en cuenta. Si uno de los retos de la democracia es la de hacer posible un cierto grado de armonía, conjuntando las diversas opciones y opiniones personales o de grupos, una escuela que reciba abiertamente a la variedad de alumnos es condición de la democracia. Y el Estado no puede desentenderse de ese reto dejando a los intereses privados y particulares esa aspiración a la convivencia pues sacrificaría el instrumento más efectivo para asegurar el respeto mutuo entre sus ciudadanos.
En definitiva, la escuela pública es un proyecto ético que se guía por la solidaridad, por la idea de que la vertebración social se logra mejor por el mestizaje social que por la segregación de poblaciones diferenciadas por el poder adquisitivo, por la raza, la religión, etc. La escuela pública es la única en la que es posible que a la persona no le pregunten quién es o qué opina antes de entrar, por eso se entendió como el modelo progresista para una sociedad libre, pluralista y multicultural. Las razones fundamentales y básicas que sostuvieron y sostienen el proyecto de escuela pública son dos: la democratización real del acceso a la educación y el poder ser la base que proporcione una cultura y unas experiencias comunes que mitiguen las diferencias sociales, base de una comunidad donde quede comprendida la diversidad.
La vigencia de estos ideales, aunque sean precisas nuevas interpretaciones, es lo que sigue justificando la necesidad de una educación pública fuerte y para todos. Es éste un rol ineludible de cualquier estado democrático.
Por eso, es necesario redefinir hoy el rol del Estado en Educación: no puede seguir siendo concebido como subsidiario, debe recuperar su responsabilidad en el desarrollo de nuestro sistema educativo. Y para ello, en Chile, es ineludible cambiar la Constitución Política del 80, para que una Nueva Constitución re-establezca el derecho de todos a la educación y el deber del Estado para que éste sea efectivo. Implica, igualmente, cambiar la Ley Orgánica Constitucional de la Educación, promulgada por Pinochet 16 horas antes de entregar el gobierno, que, a través de la imposición de un determinado y restringido concepto de libertad de enseñanza limita las facultades del Estado para asegurar el derecho a la misma. 

3. Necesidades de cambio en la administración y gestión del sistema:

Lo que se requiere es de un  Estado que se haga cargo de asegurar un curriculum básico para todos, de impulsar el apoyo pedagógico a los establecimientos, discriminando positivamente a aquéllos que tienen más necesidades, de generar las condiciones y reglamentaciones para asegurar una educación de calidad (infraestructura, financiamiento, recursos humanos, formación docente, condiciones laborales y de remuneraciones, condiciones para una real participación en la descentralización, etc.), distribuir y controlar el uso adecuado de los recursos y evaluar permanentemente los diversos niveles del sistema para ir retroalimentando políticas y acciones de apoyo.
Esto significa el desarrollo de una educación pública descentralizada, reflejo de una sociedad democrática, lo que supone una sustantiva gestión local de la educación así como la participación protagónica de todos los actores, al mismo tiempo que un sólido y redefinido rol del Estado que asegure tanto la diversidad como la integración.
La descentralización educacional no puede significar ausencia del rol del Estado, ni un Ministerio de Educación débil,  mucho menos, privatización. Al contrario, a mayor descentralización, se requiere un centro más fuerte.
No se trata de hacer crecer el aparato del Estado sin causa justificada sino de dinamizarlo y adecuarlo a la importancia de la función ético social que se le asigna a la educación. La educación es factor inseparable de la necesidad de planes de desarrollo nacional, que se integran a un mundo globalizado, ubicando al ser humano como sol central del sistema.


Guillermo Scherping
Director National
Depto. RRII.
Colegio de Profesores de Chile 

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updated March 20 2000
actualizado Marcha el 20 de 2000